Debía haber de escrito este post hace una semana, pero sinceramente no tenía ganas. Si hay que ser sincero, uno lo es: llevo un tiempo sin ganas de hacer nada útil.
El asunto es el siguiente. Al día siguiente de la vuelta de Dani, se nos ocurrió quedar para dar una vuelta por el centro y esas cosas. (Cómo no, la primera parada fue el FNAC, y luego al Starbucks). El asunto es que, se me antojó acompañarle de vuelta hasta la parada de autobús. Andando por una callejuela pequeña, nos vino un taxi de frente. Lógicamente, nos echamos a un lado, con la mala suerte de tropezar yo con un pivote/bolardo/como-coños-se-llame, caerme de boca y poner el brazo por delante para proteger la cara.
No pude levantarme. Dani se asustó un poco, pero yo le tranquilicé diciendo que no era nada, y pude ponerme de pie. Se ofreció a acompañarme al ambulatorio, pero no lo vi necesario; el dolorcillo se me iba a pasar enseguida, una contusión la tiene cualquiera, etcétera. Una vez le dejé en la parada, cogí el bus de vuelta a casa, y aquí viene lo gracioso: el brazo no dejaba de dolerme. Es más, el dolor aumentaba. Coño, como que fui todo el camino de vuelta a casa con lágrimas en los ojos.
No nos engañemos, yo estaba acojonado. Ya sabéis mi historia más o menos, y mi cabeza empezó a barajar las posibilidades más jodidas. Estaba nervioso, mucho. Tanto que incluso grité a mis padres una vez en casa (lo siento, pero las frases del tipo “los hombres no lloran” me tocan mucho los cojones, sobre todo si estoy llorando por algún motivo).
Un vecino me llevó al hospital - gracias, Manolo - y bueno, allí ya me fui tranquilizando un poco. No mucho, ¿eh?. Llamé a mi gran amigo Lobo, ya que necesitaba hablar con alguien y no quería acojonar antes de tiempo a mi chico, y poco a poco fue pasando el tiempo.
Al rato, me hicieron las radiografías pertinentes - por cierto, genial el nuevo método de ver radiografías en el ordenador, con zoom, variación de brillo y contraste… nada que ver con la hoja negra delante de la lámpara - y me dieron mi diagnóstico. Leve fisura de radio. 12 días de escayola y listo.
Qué cojones, al final tendré que agradecerle al karma que sean sólo dos semanas, ¿no?
Banda sonora: Bruce Dickinson - Broken