Envidia

29 October, 2007

Yo en mi casa con mocos, y mi amiga australiana Danielle en la playa tomando el sol. No es justo.

Prepotencia viejuna

Las personas ancianas tienen una cierta manía, y esa es quejarse de la juventud*. Una de las quejas más habituales, es acerca de la falta de educación de los jóvenes de hoy en día. Y entonces, uno se pregunta, ¿por qué?. Cuando son los pobres ancianitos los que, escudándose en su supuesta indefensión, se saltan las más mínimas normas de educación.

Esto viene a cuento de una experiencia que he tenido hoy. Mi cuñada vino al médico con mi sobrino, donde me encontró a mí. El niño, como es lógico teniendo tres años, se puso a corretear, y a jugar (no es un niño ruidoso, como otros). Y no pasaron ni cinco minutos cuando un viejo empezó a quejarse a gritos.

Comprendo que una persona pueda estar enferma y molestarle los juegos de un crío (aun así, lo dudo), pero ¿qué le costaba decir las cosas con un mínimo de educación? A fin de cuentas, el niño aún es eso, un niño, mientras que él ha tenido muchos años para aprender eso de la ‘urbanidad’, tan de boga en su juventud. Un ‘por favor’ nunca hace daño, ni al que lo dice ni al que lo escucha.

*Seamos sinceros, leyendo este post puedes darte cuenta de que los jóvenes (al menos yo), decimos lo mismo acerca de ellos. Es el eterno abismo generacional.

Halloween: ¿imperialismo USA?

Halloween (/jalowín/) es una fiesta proveniente de la cultura céltica que se celebra principalmente en Estados Unidos en la noche del día 31 de octubre. Los niños se disfrazan para la ocasión y pasean por las calles pidiendo dulces de puerta en puerta. Después de llamar a la puerta los niños pronuncian la frase “Truco o trato” o “Dulce o truco” (proveniente de la expresión inglesa “trick or treat”). Si los adultos les dan caramelos, dinero o cualquier otro tipo de recompensa, se interpreta que han aceptado el trato. Si por el contrario se niegan, los chicos les gastarán una pequeña broma, siendo la más común arrojar huevos o espuma de afeitar contra la puerta.
La palabra Halloween es una derivación de la expresión inglesa All Hallow’s Eve (Víspera del Día de los Santos). Se celebraba en los países anglosajones, principalmente en Canadá, Estados Unidos, Irlanda y el Reino Unido. Pero actualmente se celebra en casi todos los países occidentales con mayor o menor presencia.

Wikipedia

Últimamente se habla mucho de algo llamado ‘imperialismo americano’. Supuestamente somos estúpidos e influenciables por admitir e integrar en nuestra cultura una fiesta como Halloween (que como podéis ver arriba ni siquiera es americana, sino celta; algo bastante cercano a nosotros). Por supuesto no hemos llegado todavía al extremo del ‘truco o trato’, y sinceramente no creo que lo hagamos.

Por un lado, podemos criticar a todos aquellos que mencionan lo del imperialismo americano, puesto que la gran mayoría de los que se quejan de esto son defensores acérrimos de la cultura popular de cada país, España en el caso que nos preocupa. ¿No sería lógico, pues, que estos muchachos se quejaran asimismo de la expansión a otros países de tradiciones populares españolas como el toreo? Parece que no.

Por el otro, no estamos hablando de una adopción estúpida y sin sentido de una fiesta absurda. No. En absoluto. Estamos hablando de una elección bien sopesada y documentada. ¿Que de dónde saco esto?

Pensadlo bien. Eres un chico de 20 años. Tu pariente muerto más cercano fue aquel abuelo o bisabuelo al que ni siquiera conociste. Qué prefieres, sinceramente: ¿disfrazarte de cualquier cosa y tirarte la noche de juerga con tus amigos, o vestirte de luto e ir a visitar tumbas por la mañana?

A todos los que se quejan de Halloween. Que lo sepáis. Al menos aquí en España, cualquier excusa para irse de juerga es perfectamente válida y aprovechable. Sobre todo siendo festivo el día siguiente.

¿Mala fama?

No nos engañemos; sé que la reputación de la que gozo en este barrio en el que llevo viviendo desde que nací no es precisamente buena. También hay que reconocer que tampoco me lo trabajo mucho, claro está: con las personas que me son indiferentes tiendo a ser seco, siendo desagrable con otros cuantos (Creedme. Se lo merecen), y sólo siendo amable y dicharachero cual rana Gustavo con las pocas personas que realmente me caen bien.

Pero creo que hoy, realmente, se ha desbordado el vaso. Yo, en mi portátil, tengo como fondo de pantalla una foto de mi adorado y bien amado Thanent (Love you, chiquitín), y justo cuando se encendía esta mañana, en mi salón, entró una vecina.

- ¿Quién es ese?
- Un amigo (mis padres no quieren que se sepa mi ‘defecto’ en el barrio)
- Ah, creía. Parecía el nazi ese que le ha pegado a la niña ecuatoriana

Señores, sé que sobre mí corren rumores de que soy friki. De que soy un mal hijo. Y un pervertido, y un tío raro, y mariquita* y un lector empedernido (siendo ésto lo peor de todo, por supuesto). Pero de ahí a pensar que YO puedo ser nazi o admirar a uno, hay mucho trecho.

* Ojo. Sé que ésto no es malo en absoluto, claramente. A fin de cuentas tengo novio desde hace casi siete meses, ¿no?. Pero parece que vivir en un barrio donde la media de edad es de unos 60 años, lo de chupar pollas te convierte en un objeto de cotilleos bastante jugoso.