Always look at the bright side of life
13 September, 2006Hoy mi padre, haciendo un esfuerzo, fue al banco conmigo. Ya está mucho mejor, pero claro, todavía le falta algo de fuerza, así que es un trabajito.
Íbamos con intención de preguntar sobre la financiación para mi futuro nuevo ordenador, el cual estoy deseando tener en mis manos. Pero esa es otra historia, y no la que nos interesa ahora mismo.
Llegamos y había una cola imponente en la puerta del banco. Enorme. Me acerco, haciéndome paso entre la aglomeración de gente (cualquiera diría que es primero de mes), y veo el banco vacío. No, no del todo. Hay un hombre mayor tumbado en el suelo. Y encima de él, otro hombre haciéndole un masaje cardíaco. Vaya, así que por eso toda esta gente está aquí esperando.
Dos minutos, cinco minutos, ninguna novedad. Y llega una ambulancia de nuestro querido 061. Salen deprisa, como corresponde a una emergencia, y entran al banco.
Le hacen el relevo al hombre que le hacía los primeros auxilios, y empiezan un tratamiento de shock: masaje cardíaco, electros.
Hay una gran cantidad de gente. Yo me retiro, porque para ver esas cosas siempre hay tiempo. Pero me fijo en algo curioso: una mujer de unos 30 años le dice a unos chavales de 12 a 14 años que se retiren, que es de mal gusto, que no deberían estar ahí. Se inicia una discusión. Yo no me meto, a fin de cuentas estoy un poco de acuerdo, pero… ¿por qué no le dicen nada a las marujas de 60 años?
En definitiva: 30 minutos después los muchachos de la ambulancia proceden a cubrir al hombre con una sábana; el anciano no ha sobrevivido. Y cuelgan un cartel en la puerta del banco: ‘Esta oficina permanecerá cerrada hoy por incidencias’.
Me preguntó como habrá sido el shock para los trabajadores del banco. Quizá mañana lo sepa.
