Esto lo escribí anoche, aprovechando un momento de paz… espero que no os resulte demasiado pesado.
Hacía tiempo (por suerte) que no pasaba la noche en un hospital. No, no os preocupéis. O sí, preocupaos, pero no por mí. Esta noche estoy cuidando a mi padre, que sufrió un amago de infarto cerebral hace un par de días.
Pobrecillo, y pensar que hoy es su cumpleaños… supongo que 79 años son muchos años, y que el cuerpo tiene sus límites.
No recordaba el ambiente que se respiraba aquí, a veces tan ruidoso, otras tan callado. Han mejorado mucho las instalaciones, sobre todo en el asunto de los cuartos de baño. ¡Ahora hasta tienen ducha! Las enfermeras son tan simpáticas como siempre, aunque echo de menos a las estudiantes de enfermería de la última vez. ¡Menudos bombones!
La compañía no es mala. Una pareja de amables vejetes, que extrañamente llaman ¡abuelo! a mi padre, pese a ser aproximadamente de la misma quinta (unos diez años menos, según creo). Al pobre hombre le hacen un cateterismo mañana por la mañana, sea lo que sea eso. Le están haciendo ducharse con betadine en forma de gel, ¿gracioso, verdad? Y ahora empieza su noche de suplicio. Desde las 12 de la noche (faltan 15 minutos), no podrá ingerir nada. Parece una tontería, pero engaña mucho: nada es nada. Ni siquiera líquido. Yo lo pasaba muy mal. Coincidió el día de mi supuesta operación con un fiebrazo de tres pares, amén de las temperaturas típicas (y asfixiantes) de un septiembre en Sevilla.
No sé si podéis imaginarlo: el exterior a casi 30 grados, y el interior rozando los 40. Y sin poder beber ni una gota de agua. Seco como una mojama no es la expresión adecuada, más bien se queda muy corta.
Quizá os preguntáis por qué escribo esto. La verdad es que me aburro mil. Son sólo las 12, me quedan más de 12 horas aquí y no tengo ni idea que haré para mantenerme despierto una vez que se apaguen las luces. Traigo el mp3 cargadito de buena música; todo heavy, claro. Si aún con esto me costará mantenerme despierto, imaginaos con jazz. Si hubiera sabido que me quedaría esta noche en el hospital con más antelación, me hubiera descargado una selección de monólogos. Según he escuchado, de 2:30 a 4 está aquel programa de ‘Hablar por hablar’ en la SER. Le daré una oportunidad, aunque hace años que no lo escucho. Ay, ¡si tuviera un portátil! No sé si aquí hay wi-fi o no, pero eso no importa. Hay mil cosas que hacer con un PC sin usar la red. Podría escribir esto en OOWriter sin tener que usar boli y papel. Podría ver una peli con los auriculares puestos, o leer libros en pdf. Jugar, diseñar, retocar fotos. Eso sí que sería una buena forma de mantenerme despierto. Que por cierto, mi padre ya está roncando. Los vejetes me acaban de explicar el porqué de llamarle ‘abuelo’ a mi padre, y el que permanezcan despiertos y sin sueño es lo que me permite seguir escribiendo.
Ahora mismo estaría en el ordenador, intentando conocer gente interesante o hablando con mis amigos, aunque esto último lo sueloe vitar. No es que no quiera hablar con ellos; es que si abuso del messeger, ¿de qué cojones hablamos luego en el bar? ¡No conozco tantos chistes! (tampoco es que los cuente muy bien, hay que ser sincero).
Y de camino pienso en quién de confianza podría estar libre mañana por la tarde. De confianza, por que será al que le dé el dinero para traerme el nuevo disco de Blind Guardian, el cual estoy deseando tener en mis manos. Fui el viernes, quizás había llegado, quizás no. No habían abierto la mercancía todavía, y no lo harían hasta el día siguiente. Me hubiera llegado, pero por una parte tenía la boda de mi amigo Jesús, y por la otra, ese mismo viernes por la noche fue cuando mi padre sufrió el ataque. Al final, de la boda sólo vi la iglesia, y durante brevísimos instantes; todos saben de mi aversión por las religiones organizadas en general, y mi traje de chaqueta (!), aunque fuera de color claro, acentuaba la sensación de calor. Un poco más y tengo que escurrir la chaqueta al volver a casa.
Ahora que me fijo… es impresionante la capacidad que tengo para enrollarme. Intento escribir sobre una noche de hospital, y acabo mencionando las propiedades cuasi-esponjísticas de mi chaqueta nueva. Creo que haría bien cortando el rollo, de forma que me queden cosas que contar otro día. A este paso os cuento como empecé a usar el orinal. Buenas noches.