Enriquecimiento musical
24 August, 2006Recuerdo, hace años, cuando la única banda sonora de los domingos, eran los gitanillos con la cabra y el teclado casio puesto en automático (por cierto, ¿qué habrá sido de las cabras?). Recuerdo, hace años, cuando uno veía esas películas americanas con la inmensa variedad racial de músicos de metro.
Ahora, la afluencia de inmigrantes a nuestro país se traduce en cierto enriquecimiento musical. Tenemos música de todas las naciones en nuestras calles, y eso es una alegría para los oídos.
Está el chico que tocaba la guitarra en Tetuán, con la funda de la misma abierta con monedas en su interior, y un pequeño stand con copias de su maqueta. Siempre quise comprar alguna copia, pero nunca tuve dinero en el momento justo. En la misma calle suelen estar esos chicos con violines y demás instrumentos orquestando piezas clásicas, y últimamente, un chino cantando canciones en chino (cómo no), ante las asombradas miradas del público, que en vez de escuchar se ríe ante la exhibición; me recuerdan a Homer en ese episodio de recopilación, en el que habla de las películas hindúes:
‘¡Qué va! Son divertidas. Visten diferente que nosotros’.
Y el que ha inspirado esta parrafada: el rumano (creo) que todos los días toca con su acordeón la canción de El Padrino frente a la Cruz Roja de una calle cercana a la mía; no aclaro cuál para que no vaya la SGAE a por él (sin papeles, ¡y encima infringiendo copyrights!).
